Lección 5

¿Por qué consumir lácteos es perjudicial para la salud?

La idea de que los lácteos son saludables y necesarios está muy bien posicionada pero no podría estar más lejos de la realidad. Lo que demuestra la evidencia es que además de otros problemas, los lácteos son la principal fuente de grasa saturada en la dieta, por tanto su consumo contribuye con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 1 y 2, y Alzheimer, hay una relación directa entre el consumo de lácteos y el incremento en el riesgo de sufrir cánceres reproductivos.

Tenía pensado incluir este texto dentro de la lección sobre la industria láctea, pero con la descripción de las prácticas de dicha industria quedó suficientemente larga. A su vez esta lección también tuve que partirla en dos partes. La primera es sobre por qué consumir lácteos es perjudicial para la salud y algunos mitos alrededor del tema, y la segunda es sobre el mercadeo de la industria y la adicción a los lácteos.

Para escribir esta lección, consulté el artículo Health Concerns About Dairy, el artículo Five Frightful Facts About Cheese y el capítulo Dangers of Dairy, del podcast The Exam Room, todos del Comité de Médicos por una Medicina Responsable, también la conferencia What the Dairy Industry Doesn’t Want You to Know del Doctor Neal Barnard, fundador y presidente del comité. La información está contextualizada dentro de la población de los Estados Unidos pero los riesgos para la salud son similares para la nuestra.

Leche asesina

Lácteos, grasa saturada, colesterol y enfermedades cardiacas

Los lácteos contienen grandes cantidades de grasa saturada que obstruye las arterias e incrementa el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, que a su vez son la principal causa de mortalidad. El queso contribuye bastante a este riesgo debido a que normalmente puede contener un 70% de grasa. Los lácteos contienen colesterol de lipoproteína de baja densidad (LDL), que también aumenta el riesgo de padecer una enfermedad arterial coronaria.

Por otro lado, una dieta a base de plantas, en combinación con ejercicio, no fumar, y manejar el estrés, puede no solamente reducir el riesgo de sufrir estas enfermedades sino también hasta restaurar la salud cardiovascular.

Al eliminar los lácteos de la dieta de pacientes con enfermedades cardiovasculares, 81% de pacientes estudiados mitigaron sus síntomas y experimentaron menos complicaciones, un resultado mucho más alto que el 10% a quienes les funcionan los medicamentos tan promovidos por la publicidad y los medios. Tiene sentido pensar que el tratamiento estándar para evitar, mitigar y curar enfermedades cardiovasculares debería ser una dieta a base de plantas.

Gobiernos y medios a quienes les preocupa tanto la salud pública no están en una histeria colectiva publicando el conteo de las personas que mueren de ataques cardíacos diariamente, ni clausurando los establecimientos en donde se vende queso y chicharrón. Tampoco están imponiendo a la fuerza tratamientos para la reducción de la grasa saturada o tomando alguna medida drástica para proteger a la población de las enfermedades coronarias y el cáncer. Sin embargo, para “detener” a un virus que causa una enfermedad con un índice de hospitalización de un 0.89%, montaron un teatro de pánico y autoritarismo similar al de la guerra contra el terrorismo; nos confinaron a un arresto domiciliario de cinco meses en el que nuestra salud mental estuvo gravemente afectada, quebraron miles de empresas medianas y pequeñas, empeoró la situación de quienes trabajan en la calle informalmente, y más personas fueron condenadas a la pobreza, mientras que los billonarios de Surveilance Valley reportaron incrementos inusuales en sus ganancias. Ahora quieren forzarnos a un número indeterminado de inyecciones de drogas experimentales, por las que grandes farmacéuticas cobran billones del dinero público, cuando el virus que no pudo con la gente medianamente saludable va siendo reemplazado por una de sus mutaciones, a la que sin darse cuenta nombraron como un planeta de Futurama donde vive una raza de alienígenas que asesinan humanos. A diferencia de los Omicronianos, la mutación causa una enfermedad que no asesina sino que se manifiesta con síntomas similares a los de una gripa fuerte, lo que marcaría el final de esta situación absurda si la histeria por el SARS-CoV-2, impulsada por la clase depredadora y sus medios de manipulación, fuese el resultado de una preocupación auténtica por cuidar la salud de la gentuza, y no la respuesta ante una oportunidad de oro para avanzar hacia el fascismo con el aplauso de shitlibs en pánico y la covid-obediente izquierda de boutique.

T el extraterrestre・Futurama

Lácteos y cáncer de ovarios

La lactosa es descompuesta en galactita, un azúcar que puede ser tóxico para las células de los ovarios. Quienes consumen más de un vaso de leche al día tienen un 73% más de riesgo de desarrollar cáncer de ovarios que quienes no.

Lácteos y cáncer de mama

El crecimiento del cáncer de mama puede ser estimulado por el consumo de leche debido a los niveles de estrógeno que contiene. El exceso de estrógeno adelanta la llegada de la pubertad y la menopausia, e incrementa el riesgo de desarrollar un cáncer de mama. Sabemos que entre un 60% y 70% del estrógeno consumido viene de los lácteos, tanto así que hasta consumir una cantidad menor como media porción de lácteos al día, incrementa el riesgo.

Las fundaciones y organizaciones que trabajan para prevenir y mitigar el cáncer de mama más reconocidas, nunca mencionan que dejar de consumir lácteos reduce el riesgo de sufrir de este tipo de cáncer.

¡Finesse te invita a Sincronizarte con tu cuerpo!・Alpina/Liga Colombiana Contra el Cáncer・¿Porqué la Liga Colombiana contra el Cáncer participa en una campaña de una marca de lácteos?

Lácteos y cáncer de próstata

El consumo de lácteos está relacionado con el incremento del nivel del factor de crecimiento insulínico tipo 1 (IGF-1) en la sangre, lo que aumenta el riesgo de aparición de cáncer de próstata. Quienes tienen un alto nivel de IGF-1 tienen hasta cuatro veces más riesgos de sufrir cáncer de próstata, comparados con quienes tiene niveles más bajos. Quienes consumen más de entre dos y medio y tres porciones diarias de lácteos, están en riesgo de desarrollar este tipo de cáncer, sin importar si la leche es descremada, deslactosada y baja en grasa, porque la cantidad de la hormona IGF-1 es igual.

La recomendación de las pirámides alimenticias tradicionales es de tres porciones de lácteos al día.

Lácteos y cáncer de pulmón

Un estudio publicado en la Revista Británica de Cáncer, British Journal of Cancer demostró que las personas estudiadas que evitaron consumir lácteos debido a que presentaban intolerancia a la lactosa, tuvieron una menor incidencia en cáncer de pulmón, cáncer de mama y cáncer de ovarios que sus familiares que no evitaron los lácteos. El estudio sugiere que evitar la grasa saturada y hormonas extra que se encuentran en los lácteos, es una medida protectora contra ciertos tipos de cáncer.

Intoleracia a la lactosa

Bebés, niños y niñas producen encimas que rompen la lactosa que es el azúcar que se encuentra en la leche materna y la leche de vaca, pero cuando vamos creciendo, muchos de nosotros perdemos esa capacidad.

Entre 60% a 70% de las personas en Estados Unidos, son intolerantes a la lactosa. Al revisar la información sobre grupos étnicos aparte, vemos que la intolerancia a la lactosa se presenta en 95% de Asiáticos americanos, entre 80% y 100% de nativos americanos, entre 60% y 80% de afroamericanos y judíos asquenazí, de 50% a 80% de latinoamericanos y 15% de caucásicos. Cuando el cuerpo no produce la encima que rompe la lactosa, este azúcar queda en el sistema digestivo llenándose de bacterias. No es una enfermedad mortal, pero sí disminuye la calidad de vida, al causar malestar estomacal, diarrea y gases.

Contaminantes

Los lácteos contienen contaminantes que van desde hormonas a pesticidas. La leche naturalmente contiene hormonas y factores de crecimiento producidos dentro del cuerpo de una vaca, más hormonas artificiales agregadas como la hormona de crecimiento bovino (rBGH), con la que se alimenta a las vacas para incrementar su producción de leche.

Para tratar la mastitis se usan antibióticos, y trazas de esos antibióticos se han encontrado en muestras de leche y lácteos. Desafortunadamente, los antibióticos son usados frecuentemente porque la mastitis es muy común, debido a las prácticas encaminadas a que las vacas produzcan más leche de la que naturalmente producen.

En la leche también se encuentran pesticidas, bifenilos policlorados (PCB’s) y dioxinas. Los lácteos contribuyen con entre un cuarto y la mitad de el consumo total de dioxinas, que se van acumulando en el cuerpo con el tiempo. Eventualmente esto puede afectar los sistemas inmune, reproductivo y nervioso. Los PCB’s y las dioxinas también se han vinculado con el cáncer.

Otros contaminantes que pueden encontrarse en la leche son la melamina, frecuentemente encontrada en plásticos y que es dañina para los riñones y el tracto urinario; Además de otras toxinas causantes de cáncer como las aflatoxinas.

Proteína de la leche y diabetes

El consumo de productos lácteos en la infancia está vinculado con el desarrollo de diabetes tipo 1, que hace que las personas que lo sufren dependan de inyecciones de insulina. Quienes tienen una predisposición genética hacia la diabetes, son expuestas y expuestos a un aumento en el riesgo de sufrir de diabetes si se introducen lácteos en sus dietas de manera temprana. Adicionalmente, la Asociación Americana de Pediatras, American Academy of Pediatrics observó un 30% de reducción de incidencia de diabetes tipo 1, en bebés a quienes no expusieron a la proteína de la leche de vaca al menos durante los primeros tres meses de sus vidas.

Riesgos de salud para bebés, niños y niñas

Las proteínas de la leche, el azúcar, la grasa y grasa saturada en los productos lácteos, puede producir obesidad, diabetes y enfermedades cardíacas. Mientras algunos profesionales recomiendan consumir leche baja en grasa para reducir el riesgo de obesidad, un estudio publicado en los Archivos de enfermedades en la niñez Archives of Disease in Childhood, mostró que quienes consumieron leche baja en grasa no redujeron la posibilidad de sufrir de obesidad, en comparación con quienes consumieron leche con la grasa completa.

La leche de vaca no es recomendada para bebés, La Academia Americana de Pediatría recomienda que a los bebés de menos de un año no se les alimente con leche de vaca, no solamente es el hierro en la leche de vaca difícil de absorber para los bebes, sino que también esta leche puede causar sangrados microscópicos en sus intestinos.

Los cólicos también están relacionados con el consumo de leche de vaca. Más del 28% de los bebés sufren de cólicos durante su primer mes de vida, y los pediatras encontraron hace bastante tiempo que la causa era generalmente esta leche. También saben que las madres lactantes pueden tener bebés con cólicos si ellas la consumen, porque las proteínas de la leche de vaca pasan a través del torrente sanguíneo hasta su leche, y de ahí al bebé, causando los síntomas.

Adicionalmente, niños y niñas que consumen leche de vaca son más susceptibles a desarrollar alergias y a sufrir de estreñimiento crónico.

Cuestionando mitos sobre los lácteos

Cuando conocemos los riesgos asociados con consumir lácteos, podemos cuestionar algunas creencias que se han posicionado alrededor de su consumo.

¿Son necesarios los lácteos para el crecimiento de niñas y niños?

La leche de vaca promueve en humanos crecimiento pero en partes de nuestro cuerpo que no queremos que crezcan. Al contener la hormona de crecimiento bovino (rBGH) dentro de sus componentes, la leche estimula anormalidades en el crecimiento celular, lo que en otras palabras se conoce como cáncer.

¿La leche nos protege contra la osteoporosis?

Incrementar el consumo de leche no reduce el riesgo de osteoporosis. Para reducir el riesgo de sufrir esta enfermedad, es necesario reducir el consumo de sodio, muy alto en el queso, la comida rápida y la de paquetes, además aumentar el consumo de calcio de fuentes vegetales como Frijoles de ojo negro (Black Eyed Peas), Kale, Broccoli, y hacer ejercicio regularmente.

¿Necesitamos leche para obtener vitamina D?

La leche sin fortificación no tiene nada de vitamina D, y de la suplementada sólo del 10% a 15% de la vitamina D dietaria se puede absorber. La mejor manera de obtener vitamina D, es a través de la exposición al sol. En caso de no tener acceso a la luz solar, se recomienda una suplementación. Una fuente de vitamina D en alimentos estaría en los hongos, que contienen vitamina D2, aunque adquirir esta vitamina por ese medio no reemplazaría a la luz solar o a los suplementos.

¿Consumir leche ayuda a reducir el peso corporal?

Un meta-análisis encontró que no hay evidencia para argumentar que incrementar el consumo de lácteos disminuye la grasa corporal, y favorece la reducción del peso en el largo plazo, como afirmaban las campañas publicitarias y mediáticas de la industria, que fueron suspendidas cuando el Comité de Médicos por una Medicina Responsable las denunció y logró demostrar que su contenido es fraudulento.

En la siguiente lección conoceremos cómo la industria láctea posiciona sus productos con campañas engañosas y estudios amañados, y entenderemos porque los lácteos son tan adictivos.

Referencias

Usar artículos de El Espectador como referencia no implica que esté apoyando o legitimando a este medio de la facción “liberal” del establecimiento colombiano.